Y es que a veces ella olvidaba que no le hacia falta comerse el mundo. | Por Emma Marzal

Y es que a veces ella olvidaba que no le hacia falta comerse el mundo. Porque ya lo respiraba y aprendía, pero no permitía que hundiera sus sueños, esperanza y alegría. Porque en el fondo sabía de donde venía y sobre todo hacía donde iba, y que se equivocaba y se equivocaría. Disfrutaba con la brisa, con un árbol, con una hormiguita, de una armonía. Porque todo de ese mundo le parecía la mejor y mayor obra que conocía. Porque en ella, y a menos de 20 minutos de su casa, tenía más de lo que necesitaría, para ser feliz y cumplir sus sueños y fantasías. Una soñadora que sabía que por soñar nada llega ni lograría, porque cada mañana, a lomos de su fuerza y valentía, iba a comerse el mundo: con una bicicleta, con una mochila y con una sonrisa, mirando hacia arriba, al cielo, cargándose de energía. Por dónde iba sonreía, y miraba a las pupilas, las reconocía.

Aunque sabía que quizá aún no era su momento, ella lo perseguía. Porque entendió que en la vida no hay una cima, porque la vida tiene muchos segundos, minutos y día. Y la cima que imaginó al principio, quizá no sería la que al final alcanzaría.

Porque ella era libre. Incluso en los peores momentos de su vida. Muchas veces dudaba sobre su vida, porque al fin y al cabo era un cachorro… Aún no sabía lo que quería. Y se la estropeaba ella misma. Pero como el cachorro que ve la huella de su padre y se siente un comino, sabía que en poco tiempo sería el líder que asombrado de su pequeñez, sería la luz más poderosa que le guiaría.

Porque, además, contaba con las personas justas en su vida. Y hacia ellas siempre estará agredida. Porque lo que más admiraba era la lealtad. Y ella jamás abandonaría a las personas que la conocían, y con todo lucharían y la enseñarían.

Confiaba en ella porque sabía, que el que siembra recoge, y quien puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su vida.

Así que, en un camino duro y con pérdidas y equivocaciones implícitas, ella cada noche sonreía, porque se imaginaba a lomos de su fuerza y valentía, buscando el sol, en un nuevo día, dispuesta a comerse el mundo, pero sobre todo, respirar y absorber todo lo bueno y lo malo que le traería su vida.

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