Un tesoro es un tesoro. | Entre caballos

Me encuentro fenomenal. A las 11 de la mañana me pasaba a buscar mi hermano a casa para irnos a montar a caballo. Mi primera vez en… ¡Años! Empecé a montar con 6 años, dando paseos por la sierra de Madrid, en Cercedilla. Mi padre y yo nos íbamos de ruta por la montaña. Al parecer vi la revista Ecuestre en VIPS y desde entonces debí ser muy pesada porque conseguí que montar a caballo se hiciera un hábito en mi vida. Mientras tanto no dejaba de leer sobre ellos, de hecho mi madre tenía problemas para encontrar nuevos libros que regalarme. Me pasaba el día dibujándolos, estudiando genealogías y yeguadas de caballos de Pura Raza Española, hablando con proveedores del otro lado del charco… Me hice mi propio criterio porque desde pequeña he visto el nivel de sensibilidad, de conciencia, de un animal, de un caballo. Entendí que mi camino no era ni el de la competición ni el de la presunción. A mí dirigir la vida de un animal para hacer lo que me de la gana a mí y rodearme de gente tipo ‘llámalo x” no me interesaba. Empecé a leer libros de Lucy Rees y otras personas que hacían doma natural (montar sin silla, riendas y, al fin y al cabo, disminuir el impacto negativo que solemos suponer para los caballos las personas). Para mi no hay nada mejor.

Con el tiempo, hacia los 17 años si no me equivoco, las circunstancias cambiaron y tuve que hacer una elección. Me separé de ellos. Dejé de comprar revistas, dejé de desilusionarme porque dejé de buscarlos y me acostumbré a no pensar en ello. El resultado… Claridad.

Cuando eres pequeña y disfrutas de algo te ciegas. Un día leí en algún sitio que la vida es un camino de perfeccionamiento y efectivamente, para mí lo es. Conseguí claridad mental porque me di cuenta de que los caballos no tenían que ser tan importantes para mí. Se me abrió el mundo y entendí que más allá de esa belleza, en todos los sentidos, había todo un mundo y muchas cosas por hacer: mi deber. Mentiría si dijera que tengo claro cómo puedo mejorar el mundo, a lo grande; estoy en el principio de mi camino y no tengo ningún problema en dar un giro radical en cualquier momento. Y lo haré.

Hoy no ha sido lo mismo que antes… La mayoría de los centros hípicos son iguales, la mayoría de la gente que vive de los caballos lo son… Tienen caballos mansos que se pasan el día siendo montados por gente que no tiene ni idea ni sensibilidad porque están cargados de miedo y tensionan, incluso hacen sufrir, al animal sobre el que están. Es su desahogo personal, “un ratito nada más”, ¿qué más da, no? Hace años que los caballos para mi no son lo mismo. Aprendí a disfrutar, en la finca donde iba todos los fines de semana, a meterme en el prado con el potro para jugar al escondite y al pilla pilla. Montaba menos. Quería descubrirlos, que me descubrieran y que nos cuidáramos. Confianza y comprensión, seguramente. Por su puesto no al nivel de una persona pero… Son muy especiales, hay que vivirlo. Y aportan una barbaridad de cosas, de aprendizaje sobre la vida y sobre una misma.

Con el tiempo, me empecé a plantear más seriamente que nunca: ¿Qué derecho tengo yo a ponerle a un caballo un hierro en la boca, unas cuerdas prietas en la cabeza y darle golpecitos porque a mi me da la gana que vaya más rápido? ¿Qué superioridad creo que tengo para forzar a ningún ser vivo? ¿Y si en cualquier otra situación de mi vida tengo que someter a alguien o “pisarle” por mi “gozo”, también lo haré, o qué? Ningún derecho. Sobre nadie. La respuesta es fácil. Al final todo es como el amor. Cuando quieres, cuando quieres de verdad. Quieres su felicidad, y la tuya porque hay dependencia, necesidad o deseo, pero su felicidad. Como siempre algo al alcance de muy pocos y que, como todo, es un duro camino de perfeccionamiento hasta que llegas a entender. Yo ya he entendido que no tengo ningún derecho a forzar a ningún animal a no ser que sea por su bien: le pegaré un empujón para que no coma una hierba venenosa, ¿pero para que galope después de haber estado 2 horas siendo montado y todo el día atado o, simplemente, cuando no le apetece? Creo que se me bajaría el autoestima automáticamente. Hoy se me ha bajado, galopando encima de ‘Poleo’. Estaba deseando bajarme para quitarle la cabezada y la silla y librarle de mi presencia; así de claro. Mi desilusión ha sido ver que su “casa” era una cuadra de 2×2 llena de, por qué no decirlo, mierda. Desgraciadamente la vida es así.

Un tesoro es un tesoro… Y para mi los animales son lo mejor que hay en este mundo. Y más allá de gustos y percepciones, la única realidad incuestionable es que son seres vivos y son sensibles, a lo bueno – amor, cariño, respeto,… – y a lo malo – dolor, desprecio, …

Qué valor hay que tener para jugar con la felicidad de alguno de ellos y que poco desarrollo personal, a todos los niveles. Y digo desarrollo personal por aquello del perfeccionamiento. Cuando te gusta la piedra es fácil tropezar y rodar y rodar, pero creo que la motivación para este asunto debería ser suficiente para cambiar nuestros hábitos, y con el tiempo, nuestros gustos. Y cuando hablo del caballo hablo también de esos perros que crecen viviendo en un piso la mayoría de los días sólo o con estrés. Vamos a ser mejores con hechos, aunque cueste. ¡Y a mi me cuesta mucho porque son como la música! ¡Te alegran la vida y te enseñan cada día!

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